Portland
No sé si exista otra ciudad que me mueva tanto como Portland. Tal vez no he viajado lo suficiente —apenas cuatro o cinco visitas—, pero hay algo aquí que parece magia. Las últimas veces llegué al final del verano, cuando el sol se empeña en alargar su estadía, pocos lugares pueden competir con esa belleza. La primera vez, en 2018, tuve la impresión de entrar en una escena de película. Una de esas en las que alguien te secuestra y te deja tirado junto a las vías del tren. Todavía no había e-sim ni compañías que ofrecieran wifi ilimitado por un precio “razonable”. Tocaba robar señal en el aeropuerto, llamar un Uber y rezar que me llevara al destino correcto. Un año después descubrí que existía un tren de tres dólares. Todo, en Portland, parece de película. Recuerdo haber llegado a las tres de la mañana a un hotel donde todas las puertas daban a la calle. Afuera, autos inmóviles frente a cada entrada. Adentro, la habitación parecía un set de Scarface:...